Si le pidieran a alguien dar el nombre de un puerto mítico, el pirenaico Tourmalet se llevaría un buen número de primeras respuestas. Para coronarlo, sin embargo, no hace falta ser un superclase mundial.
Es coloso francés es duro, muy duro; pero un cicloturista con cierta preparación y constancia está en condiciones de escalarlo, sabiendo además que no hay más rival que uno mismo y que no hay por qué llegar castigado con las kilometradas previas que se meten los profesionales del pedal… Una cumbre como la del Tourmalet puede estar al alcance de mucha gente, como nos cuenta Ion Urrutia, aficionado a la bici y natural de Andoain (Guipúzcoa) que jamás ha competido y ha superado al mito.
Recuerda Ion que hasta los 15 años no le prestaba atención a la máquina de dos ruedas, salvo que la usaba para ir a clase. Con su amigo Asier, quien lo acompañó en su pequeña aventura, empezó a quedar los domingos para andar en la BTT. Pero ya con 18 “veíamos por la tele a Indurain y a estos y dijimos: ‘vamos a comprarnos bici de carretera’…”. De todos modos, pese a ser seguidor del ciclismo y del Tour, tampoco frecuenta este último. “Es que cuando hay tanta gente a mí no me gusta, ni salir fuera: soy muy casero, y además ¡en la tele se ve muy bien!”, sonríe. El reto de enfrentarse al mito fue más bien idea de su compañero de fatigas: “Al otro (Asier) se le metió en la cabeza. Dijo, ‘¿vamos al Tourmalet?’. Pues vamos”, se animó Ion. “Me gusta sufrir, me gusta sudar; un poquito ‘pirao’ ya estoy”, confiesa.
El de Andoain es deportista, pero sus ocupaciones diarias no le dejan tiempo más que para tres horas semanales de bici estática y una salida los fines de semana, de entre 80 y 100 kilómetros, sin tanta cuesta como se encontraría en los Pirineos. El esfuerzo es distinto del necesario para superar un coloso de casi 20 kms. de pendiente, por lo que, eso sí, las semanas anteriores a viajar “hice pesas, para coger pierna”, y se entrenó algo más; “yo creo que me preparé bien”.
Tomas de contacto en Lagos
En honor a la verdad, Ion ya había probado con alguna otra subida legendaria, concretamente la de Lagos de Covadonga, en Asturias. Aprobó a la segunda; la primera vez se acercó en una etapa de la Vuelta a España “que ganó Zintchenko” (2000), rememora, “pero yo no pude subir. Me pilló lesionado en el tobillo y por entonces no andaba en bici, casi. Puse platos y piñones especiales”, más pequeños, “pero aguanté tres kilómetros…”. Asier siguió un poco más, aunque también terminó dándose media vuelta.
“A los dos o tres años fuimos otra vez a Lagos”, sin carrera profesional de por medio y con multiplicaciones al uso, “y los dos llegamos arriba. Pero a mí me quedó la espina de que me tuve que bajar un momento en el tramo más duro, que es la Huesera, porque había un autobús parado que ocupaba los dos carriles…”. Y los buscadores de retos gustan de completarlos del todo, como logró años más tarde en dos gigantes del Tour.
Pues sí, como decíamos, en octubre pasado Asier le propuso a Ion probar en sus carnes, por primera vez, una mínima pero mítica parte de lo que sienten los corredores del Tour anualmente. Así que se alojaron un fin de semana en Luz Saint Sauveur, encrucijada pirenaica desde la que parten unas cuantas ascensiones de órdago, y hacer doblete: Tourmalet el sábado, y el domingo… lo que se preste.
La lluvia fuerte los sorprendió en la mañana del sábado, pero después de comer no se aguantaron más y tiraron para arriba, pese al aguanieve del tramo más alto. Son desde Luz 19 kilómetros de ascensión bastante regular, por rampas que fluctúan entre el 6 y el 9%, sin descansos. “Yo me había bajado altimetrías de internet”, rememora Urrutia, pero comprobó que en cada kilómetro de Tourmalet “te pone en una señal el porcentaje que te espera. Eso sólo lo he visto en Francia”. El tráfico no fue problema, porque coches “pudieron pasarme diez, como mucho. Había más moteros, pero no gente en bici. Hacía malo, ¿a quién se le ocurre subir así?”, se ríe ahora.
Por cabezonería, se las arregló para escalar “con el 21” de piñón, “a riñón, clavado; me quedé sin espalda, por no subir con un piñón más pequeño”; con la salvedad de una rampa (13%) que hay al salir de la localidad de Barèges, casi a media subida, “en la que tuve que meter el 23”, aunque después retornó al 21. “De ahí para arriba estaba todo nublado, y no se veía nada de lo que te quedaba, ni a 100 metros…”, lo que cree que le pudo venir bien para comerse menos el coco hasta coronar los 2.115 metros junto al popular monumento del ciclista.
El tramo más duro de tamaña ascensión fueron “los últimos cuatro kilómetros”, porque pese a que de cuando en cuando se ponía de pie sobre los pedales “me dolía mucho la espalda, ya. Arriba estuvimos un ratito, y me acuerdo de que me congelé”, esperando a su amigo, que tardó 10 minutos más; “es que haría como cinco grados…”. Después de comer algo, y aunque llevaba chubasquero, “en la bajada me tuve que parar cuatro veces, porque se me helaban las manos”. Además “yo tengo vértigo, y las nubes se habían abierto al bajar y daba miedo” a tanta velocidad. “Sufrí más bajando que subiendo”, porque no podía frenar bien.
Y de postre, Luz Ardiden
Pero, no contento, al día siguiente Urrutia emprendió (esta vez él solo, pues su amigo había roto un radio el sábado) otra de las escaladas clásicas de la ronda gala: Luz Ardiden, estación de esquí a la que se accede desde el mismo pueblo, parecida en dureza y regularidad al Tourmalet pero cinco kilómetros más corta y “más vistosa”, define, porque además tocó buen tiempo. “Ahí sí había alguno más en bici. Sufrí, pero menos que antes”, pese a la espalda cansada del día previo.
Demostró Urrutia de lo que era capaz, y de que, dentro de lo que cabe, pasar cumbres legendarias no es un imposible para el aficionado. Recomienda, eso sí, que quien se atreva a intentarlo se atenga a su propia capacidad y preparación, y que “si va alguien que no suele andar mucho en bici, vaya con la mountain bike o le ponga piñones grades a la de carretera… Pero para subir durante una hora hay que anda, al menos, un poquito”.Y, ya en plena faena, “no hay que cebarse. Yo empecé sufriendo un poquito, pero siempre dejando y dejando” energías para el final, “porque si n